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lunes, 25 de mayo de 2026

La hormiguita Yoly



Yoly, como muchas de sus hermanitas, es una hormiga acarreadora. Todos los días sale de su casa, el hormiguero; y se dirige al campo  a acarrear comida para ella y su familia.

Sin embargo, cada vez que Yoly regresaba del campo se sentía muy cansada, y en su pecho llevaba una carga que no podía explicar.

Un día, en la comodidad de su casa, Yoly pidió a su familia dejarla quedarse ayudando con los deberes, en lugar de salir a acarrear más comida.



Su familia, preocupada, le preguntó qué le pasaba. Al explicarles Yoly la razón, ellos la comprendieron y le recomendaron salir y, al regresar, platicar sobre lo que había sucedido en su día.

Al día siguiente, cuando Yoly regresó del campo, sus hermanitas le preguntaron cómo había ido su día.

Yoly respondió que muy mal, pues aún sentía una carga en su pecho. Entonces, ellas le pidieron que platicara lo que había vivido.

Yoly les dijo:

—Salí como todos los días y, justo cuando intentaba recoger una hojita, otra hormiga me la arrebató. En ese momento empecé a sentir que quería pelear y que mi cuerpo se ponía caliente, como si fuera a explotar. Se sintió una carga tan grande en mi pecho que aún no se ha ido.

—Yoly, es que estás enojada —dijo una hermanita, y continuó:— cuando sentimos que algo no es justo, sentimos enojo. Pero si respiramos profundo, podemos pensar con más calma y ponernos en el lugar del otro. Aun si no llegamos a un acuerdo, tenemos la opción de elegir lo que nos haga sentir tranquilos y contentos.

 Paso otro día y a lo lejos se escuchaba la voz de Yoly que se acercaba al hormiguero.

—Hoy te fue bien Yoly ¿No es así? —Le preguntaron; a lo que Yoly respondió—  Si, hoy me fue muy bien, aunque diferente a otros días, mi pecho aún se siente pesado.

—¿Qué te pasó hoy? —Indagaron las hormiguitas

—Hoy terminamos muy pronto, así que nos pusimos a bailar y cantar, bailamos tan bonito y cantamos tan fuerte, que me duelen mis pies y mi garganta también, pero a pesar de eso mi pecho sigue sintiéndose pesado.

—Tal vez te sientes así porque querías seguir pasándola bien con tus amigos y tuviste que interrumpir el juego para regresar a casa. Estabas tan alegre que esa emoción se quedó en tu pecho al no poder expresarla por completo —interrumpió una hermanita.

—Sí, estaba muy alegre. Ahora me siento mejor al entender lo que pasaba, y mi pecho se siente ligero otra vez. ¡Quiero que ya sea mañana para regresar a jugar! —respondió Yoly.

Un día después, sus hermanitas estaban entusiasmadas, esperando en la puerta para poder preguntarle a Yoly cómo le había ido.

De repente, solo se vio una nube de polvo y una hormiga que entró velozmente al hormiguero.

Era Yoly. Sus hermanas, extrañadas, le preguntaron si estaba bien, y ella les contestó que sentía que su corazón se le iba a salir y que sudaba por todo el cuerpo.

Entonces les contó:

—Yo estaba recolectando hojas cuando, de pronto, vi que mi amigo el pulgón venía corriendo. ¡Y cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que la señora Catarina venía detrás para atacarnos! Por eso tuve que correr tan fuerte como él. Corrí muy recio y ahora siento que mi corazón se agita fuerte y ya no quiero salir más.

—Es porque tienes miedo —respondió una de sus hermanitas—.

Cuando sientes que te puede pasar algo, tu corazón se empieza a agitar y te dan muchas ganas de correr. Por eso no es buena idea alejarte de las hermanas más grandes, que siempre están observando si un peligro puede acechar, para mantenernos al tanto y alejarnos de él.

Días después, cuando Joly regresó al hormiguero, caminaba muy lento y su cara no tenía expresión alguna. De sus ojos caían pequeñas gotitas de agua que no podía contener, y sus hermanas inmediatamente supieron que estaba triste.

—Siéntate, Joly. ¿Quieres platicar qué te pasó hoy? —dijo una de sus hermanas.

Una vez calmada, Joly les contó:

—Mi amigo pulgón y su familia se mudarán a la huerta próxima. Tuvieron un gran susto después de que doña Catarina nos persiguiera, y han dicho que se mudarán a otra huerta buscando seguridad.

—Joly, lo sentimos. Tal vez puedan volver a verse. Nosotras caminamos muy rápido, y probablemente pronto tengamos que buscar alimento en la huerta de al lado. Entonces podrás verlo —le respondieron.

Joly respiró profundo y se tranquilizó, sus lágrimas empezaron a secarse.

Y así Yoly con el tiempo y después de conocer y comprender sus emociones de enojo, alegría, miedo y tristeza; empezó a sentir su pecho más liviano y a disfrutar cada día de su vida y a los que la rodeaban también.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

El fin.

Por Diana Arredondo

Los sentimientos: son mensajes que llegan a nuestra mente y que transforman nuestro estado de ánimo.

Ejercicios: pídele al niño que haga 4 dibujos; uno que recuerde cuando se sentía con miedo, otro triste, otro enojado y otro alegre.

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