Yoly,
como muchas de sus hermanitas, es una hormiga acarreadora. Todos los días sale
de su casa, el hormiguero; y se dirige al campo a acarrear comida para
ella y su familia.
Sin
embargo, cada vez que Yoly regresaba del campo se sentía muy cansada, y en su
pecho llevaba una carga que no podía explicar.
Un día,
en la comodidad de su casa, Yoly pidió a su familia dejarla quedarse ayudando
con los deberes, en lugar de salir a acarrear más comida.
Su
familia, preocupada, le preguntó qué le pasaba. Al explicarles Yoly la razón,
ellos la comprendieron y le recomendaron salir y, al regresar, platicar sobre
lo que había sucedido en su día.
Al día
siguiente, cuando Yoly regresó del campo, sus hermanitas le preguntaron cómo
había ido su día.
Yoly
respondió que muy mal, pues aún sentía una carga en su pecho. Entonces, ellas
le pidieron que platicara lo que había vivido.
—Salí
como todos los días y, justo cuando intentaba recoger una hojita, otra hormiga
me la arrebató. En ese momento empecé a sentir que quería pelear y que mi
cuerpo se ponía caliente, como si fuera a explotar. Se sintió una carga tan
grande en mi pecho que aún no se ha ido.
—Yoly,
es que estás enojada —dijo una hermanita, y continuó:— cuando
sentimos que algo no es justo, sentimos enojo. Pero si respiramos profundo,
podemos pensar con más calma y ponernos en el lugar del otro. Aun si no
llegamos a un acuerdo, tenemos la opción de elegir lo que nos haga sentir
tranquilos y contentos.
—Hoy te
fue bien Yoly ¿No es así? —Le preguntaron; a lo que Yoly respondió— Si,
hoy me fue muy bien, aunque diferente a otros días, mi pecho aún se siente
pesado.
—¿Qué te
pasó hoy? —Indagaron las hormiguitas
—Hoy
terminamos muy pronto, así que nos pusimos a bailar y cantar, bailamos tan
bonito y cantamos tan fuerte, que me duelen mis pies y mi garganta también,
pero a pesar de eso mi pecho sigue sintiéndose pesado.
—Tal vez
te sientes así porque querías seguir pasándola bien con tus amigos y tuviste
que interrumpir el juego para regresar a casa. Estabas tan alegre que esa emoción se
quedó en tu pecho al no poder expresarla por completo —interrumpió una
hermanita.
—Sí,
estaba muy alegre. Ahora me siento mejor al entender lo que pasaba, y mi pecho
se siente ligero otra vez. ¡Quiero que ya sea mañana para regresar a jugar!
—respondió Yoly.
De
repente, solo se vio una nube de polvo y una hormiga que entró velozmente al
hormiguero.
Era
Yoly. Sus hermanas, extrañadas, le preguntaron si estaba bien, y ella les
contestó que sentía que su corazón se le iba a salir y que sudaba por todo el
cuerpo.
Entonces
les contó:
—Yo
estaba recolectando hojas cuando, de pronto, vi que mi amigo el pulgón venía
corriendo. ¡Y cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que la señora Catarina
venía detrás para atacarnos! Por eso tuve que correr tan fuerte como él. Corrí
muy recio y ahora siento que mi corazón se agita fuerte y ya no quiero salir
más.
—Es
porque tienes miedo —respondió una de sus hermanitas—.
Cuando
sientes que te puede pasar algo, tu corazón se empieza a agitar y te dan muchas
ganas de correr. Por eso no es buena idea alejarte de las hermanas más grandes,
que siempre están observando si un peligro puede acechar, para mantenernos al
tanto y alejarnos de él.
Días
después, cuando Joly regresó al hormiguero, caminaba muy lento y su cara no
tenía expresión alguna. De sus ojos caían pequeñas gotitas de agua que no podía
contener, y sus hermanas inmediatamente supieron que estaba triste.
—Siéntate,
Joly. ¿Quieres platicar qué te pasó hoy? —dijo una de sus hermanas.
Una vez
calmada, Joly les contó:
—Mi
amigo pulgón y su familia se mudarán a la huerta próxima. Tuvieron un gran
susto después de que doña Catarina nos persiguiera, y han dicho que se mudarán
a otra huerta buscando seguridad.
—Joly,
lo sentimos. Tal vez puedan volver a verse. Nosotras caminamos muy rápido, y
probablemente pronto tengamos que buscar alimento en la huerta de al lado.
Entonces podrás verlo —le respondieron.
Joly respiró profundo y se tranquilizó, sus lágrimas empezaron a secarse.
Y así Yoly con el tiempo y después de conocer y comprender sus emociones de enojo, alegría, miedo y tristeza; empezó a sentir su pecho más liviano y a disfrutar cada día de su vida y a los que la rodeaban también.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
El fin.
Por Diana Arredondo
Los sentimientos: son mensajes que llegan a nuestra mente y que transforman nuestro estado de ánimo.
Ejercicios: pídele al niño que haga 4 dibujos; uno que recuerde cuando se sentía con miedo, otro triste, otro enojado y otro alegre.







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