Este cuento es la continuación del cuento: "El duende y la B" que lo puedes encontrar en este blog.
Un día el duende estaba
en la aldea de las consonantes, pero no quería comer dulces, ni duraznos,
tampoco quería jugar, dibujar, danzar o hacer algún deporte pues tenía dolor en
dos de sus dientes y no había remedio que lo sanará, aquello era un gran drama,
sus padres sabían de un buen doctor del bosque que podía quitarle aquel dolor
que lo aquejaba, sin embargo, él no había querido sacrificar un día de visitar a sus amigos.
Las consonantes
estaban desanimadas, pues sabían que su amigo no estaba del todo bien y querían
que mejorará, por lo que una de ellas, aquella que parece una pancita, formada
por un palito y una vaina, fue al bosque a buscar un remedio que lo pudiera
ayudar.
Como no hablaba, pero
si se podía expresar fue al bosque por ayuda, en el bosque una doncella encontró, a la que le comunico lo que iba a buscar y está le dijo, -si es lo que
entiendo, no es un doctor el que puede a tu amigo ayudar, es más bien un dentista
el que lo puede sanar y yo sé dónde está.
Y así la forma y la
doncella se dirigieron hacía aquel lugar, pero un su camino un dragón dorado se
encontraron, estaba dormido, más por el ruido lo hicieron despertar, el dragón
podía hablar y les dijo -si quieren este camino cruzar algo me tienen que dar.
La doncella respondió -solo vamos y venimos, del otro lado duraremos un ratito, -entonces dóname el diamante en tu cuello –le pidió el dragón.
Y la doncella dijo -si
riqueza es lo que quieres tengo algo de dinero, -dinero no me sirve para nada
aquí, pero con tu diamante que no se puede derretir o doblar, pues muy duro esta, me
servirá como herramienta para trabajar, -le aclaro el dragón.
Pero la doncella dudo
que si le daba el diamante los dejará pasar, cuando de pronto, el mago que iba
pasando solo a la doncella pudo ver por detrás y se dio cuenta que estaba en
apuros, por lo que con su dedo un conjuro lanzo para que el dragón con un dinosaurio
peleará. Pero al mismo tiempo el puente se quebró y la doncella cayó al mar donde había
un sinfín de delfines nadando por ahí.
El mago al ver a la
doncella un salvavidas en forma de dona le tiro, para que flotará en el mar y no se ahogará.
Al caer solo una buena ducha se dio y nada le paso.
La forma a un lado del
puente quedo, nada le paso, porque cuando vio al mago se escondió. El mago fue pronto
hacía donde estaba la doncella y la ayudo a salir del agua. Ella que pensaba
que el era el dentista, pues antes había sabido que había curado a otros de
algunas dolencias de los dientes, cuando lo vio una medicina le pidió.
Pero el mago le aclaro,
-mi diploma no es de dentista, ni de doctor, soy mago de profesión, si quieres
una pócima mágica te puedo hacer para que tu amigo sane. –Y ella asintió.
Y le dio una pócima
mágica en forma de dado y le dijo –que se tome diez gotitas diarias, hasta
el domingo habrá sanado.
Entonces la doncella
busco a la forma y le entrego la pócima, más no pudo seguir con ella, porque empezaba
a oscurecer.
Cuando la forma llego
a la aldea le entrego la pócima al duende le platico lo de la doncella, el
dado, el dragón y el dinosaurio; solo omitió lo del mago, pues pensó que si le decía
ya no se la tomaría y no sanaría.
El duende en su cabeza
repasaba todas las aventuras de la forma y le sonaban ddddoncella,
ddddinosaurio, ddddragón y pensó en nombrarla de debido a su aventura durante
el día.
Y colorín colorado, este cuento no ha acabado.
Por Diana Arredondo
Recomendaciones para leer el cuento: en un cartón dibujar y recortar la letra "D", juntar en el parque vainas y palitos y acomodarlos en el cartón para darle forma, usarla junto con una muñeca que simule a la doncella para contar la historia; también pueden incluir monitos o peluches para simular el duende, el dinosaurio y el dragón (de preferencia que el monito que simule al dragón parezca de color dorado).
Cuando toque leer una palabra que empiece con la letra "d", hacer énfasis en el sonido, para que el niño lo asocie con la letra.


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