Había una vez un jardín, cuyo jardinero era muy creativo, se le ocurrió un día construirlo de manera que solo tuviera plantas que diera flores rojas y amarillas, y para que estuviera bien distribuido del mismo número de plantas que dieran los dos colores, entonces pensó pondré una de un color rojo, luego otra de un color amarillo y así sucesivamente.
Entonces procedió a formar la primera línea, una planta roja,
luego una amarilla, luego roja, después amarilla; en total alcanzo a poner ocho
plantas en la línea; en la siguiente línea puso una amarilla, luego una roja,
amarilla, después roja, hasta llegar a ocho plantas; en total puso ocho líneas
y en cada línea ocho plantas todas intercaladas.
Pronto empezaron a poblar el jardín insectos y aves de todo
tipo; y también a establecerse formando sus casas y nidos; de entre todos ellos
también llegaron las avispas y las abejas, cada una estableció su colmena en un
extremo del jardín y como coincidencia, ambas tenían diez y seis miembros en su
familia.
Es bien sabido que tanto a las abejas como a las avispas les encanta la miel de las flores, por lo que pronto hubo muchas discordias, porque ambas querían aprovechar la miel de la misma flor, debido a esto, y para vivir en armonía, se estableció un decreto de que solo podía estar un insecto por planta aprovechando su miel.
Sin embargo, este suceso ocasiono que ambas familias empezaran
a tener discordias por ocupar el jardín; mientras que las abejas buscaban
siempre levantarse muy temprano para aprovechar la miel antes que las avispas;
las avispas esperaban entre varias a las abejas para desplazarlas de las
plantas.
Fue tanta la discordia entre las avispas y las abejas por aprovechar la miel de las flores, que el cabildo del jardín integrado por los insectos y las aves representativos que ahí vivían, tuvieron que poner más reglas y vigilancia, para lograr que el jardín fuera un lugar de paz y armonía.
Pero, lograrlo no fue tan fácil, pues ambas familias se sentía algo resentidas por los hechos que se iban manifestando día con día.
Una peculiaridad con la que ambas familias coincidían era además
del número de integrantes de cada una; ambas tenían un rey, ocho
hermanitas pequeñitas y siete más grandes y hábiles.
Ambos reyes, aunque carecían de habilidades, eran unos estrategas;
a los cuales sus súbditos seguían fielmente.
Cada rey tenía a su reina que era el miembro más hábil y
fiel de todos los súbditos
Mientras que la reina solo acompañaba al rey; los otros seis
súbditos super habilidosos siempre estaban peleando con los del reino contrario,
demostrando su super fuerza y haciendo destrozos en el jardín, por lo que el
cabildo tuvo que poner ciertas restricciones para ellos, mientras que a las reinas
que no peleaban con nadie las eximieron de tales reglas.
Había tantos desafortunados encuentros, que el cabildo del
jardín sugirió que las abejas y las avispas, solo podían desplazarse a la mitad
del jardín cada una, y que si alguna se desplazaba a una planta que no le correspondía
tendría que pagar una gran multa de miel a todos los integrantes del jardín que
lo habitaban; por la irritabilidad que ocasionaban sus disputas.
Sin embargo, esta regla no funcionaba y no era del toda equitativa
para ambos, pues a veces las condiciones para que las plantas dieran más miel no
eran iguales de ambos lados; pues por cuestiones meteorológicas, habían lados
del jardín con más flores que otros y eso ocasionaba más recelo entre ambas
familias.
Por lo que el cabildo del jardín resolvió que solo los pequeños
y la reina podían recolectar miel, mientras que los grandes los pusieran hacer otras
actividades que no tuvieran que ver con la recolección.
Pero aún así, el conflicto no cedía… cansado el cabildo del
jardín, de todo el tiempo estar lidiando con pleitos y problemas de distribución
de la miel, pensaron en organizar a los miembros de tal familia por planta, así
que a los más pleitistas que eran los más grandes, les pidieron que se colocaran
en las primeras líneas de cada extremo del jardín, mientras que los más pequeños
si podían estar adelante.
La reina, que nunca buscaba problemas y siempre acompañaba
al rey, se podía colocar donde quisiera.
El rey abeja que tenía una gran visión, escogió colocarse justo
en medio de la línea del que les correspondía en el jardín en una planta con
flores rojas, por lo que la reina a la que le gustaba estar siempre cerca del
rey, se colocó enseguida, en una planta que daba flores color amarillas.
El rey avispa, busco el lugar más apropiado de la línea que
le había tocado y escogió también ir por en medio, pues así podía ver todos los
movimientos de su contrincante, pero no enfrente, pues a el le encantaba la
miel de las flores rojas también, por lo que, escogió una planta con ese color
también; así que la reina avispa su fiel compañera se colocó en medio de la
línea, pero en una planta con flores amarillas y a los lados los demás
miembros de la familia.
Así que ambas familias quedaron distribuidas de esta manera:
en la primer línea de ambos extremos del jardín los integrantes más fuertes y hábiles
y justo en medio cada rey y cada reina; los reyes en las plantas con flores de
color rojo y las reinas en las plantas con flores de color amarillo; en la
siguiente línea de ambos extremos, los integrantes más pequeños.
Y así, por un tiempo, ambas familias pudieron convivir en
armonía, hasta que un día….
Y colorín colorado, este cuento no ha terminado,
Continuará…
Por Diana Arredondo
Este cuento ha sido escrito y redactado para enseñar las
reglas del ajedrez, por lo que para entenderlo mejor, puedes si lo deseas plantear
el jardín como si fuera un tablero de ajedrez, puedes crearlo en un cartón,
trazar 8 líneas, cada línea dividida en 8 cuadros, y en cartón también dibujar
la familia de las avispas y de las abejas y pegarlas en tapitas de botes de
refresco, y así ir contando la historia.
Si los niños aún no saben mucho de ajedrez y quieren jugar a cualquier juego inventado con el tablero y las piezas, está bien seguir el juego, probablemente así se pueden familiarizar con el tablero y los personajes, que es lo que se busca.


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