Este cuento es la continuación del cuento: "Las mágicas vocales" que lo puedes encontrar en este blog.
En un bosque mágico vivía una familia de duendes; mamá, papá y 3 hermanos; dos de ellos mayores y un bebé.
La familia de duendes
vivía en armonía con el bosque, los dos hermanos siempre jugaban juntos, sin embargo,
al hermano menor siempre lo hacían de menos; sus hermanos nunca le prestaban
nada por ser más pequeño y lo hacían llorar.
Cuando el duende bebé
iba creciendo, pensaba que cuando creciera tampoco iba a compartir nada.
Así pasaban los días,
y al duende pequeño le gustaba jugar solo en una montaña en el bosque.
Un día sin más, cuando
iba subiendo hacia la montaña, se encontró que alguien estaba ahí; vestía una ropa
muy extraña de color morado, un gorro, y en su mano tenía un palito.
El duende no sabía qué
hacer, si hablarle o esperar a que el lo notará, cuando de pronto el mago alzo su mano con la varita, dijo unas palabras y apareció una casa.
El duende se quedó
asombrado ante lo que había visto e inmóvil no pudo decir más nada. Solo pensó: mi
lugar de juegos me lo han quitado y encima pusieron la casa de alguien.
El duende triste
regresó a su casa, pero al día siguiente volvió con la esperanza de que ya no
estuviera aquella casa en la montaña, sin embargo, siempre que regresaba ahí estaba, no se había
movido nada.
Con el tiempo el
duende se acostumbró a subir a la montaña y ver lo que el mago hacía con su
varita.
Uno de esos días cuando el mago salió traía muchos palitos en sus manos, y una que otro frasco con alguna mezcla, de pronto un mapache salió y el mago cuando lo vio brinco, atrás venía un lobo y el mago se asustó, tiro todo y también corrió.
El duende tranquilo
pues a él ningún animal del bosque lo atacaba, solo la escena observo; y sentado se
quedó.
Pasaron unos minutos y
lo que vio lo sorprendió, los palitos se habían unido y se movían, pero el
duende no entendía la forma que tenían.
Era algo que él nunca
antes había visto y pensó que todo era obra del mago y su varita.
Lo primero que se le ocurrió,
fue en que podían ser sus amigas; pero al mago no le diría porque se las
quitaría.
Entonces el duende en
un costal que traía, metió a las formas y se las llevó.
Al día siguiente el duende
se dirigió a un lugar cerca de la montaña, ahí a cada una les construyó un techo
para que descansarán, y todos los días iba y las visitaba.
Las formas le habían
tomado mucho cariño y con el todo querían compartir.
Un día pensó en cómo
llamarlas y como no hablaban pensó en ponerles: “nosonantes”. Después pensó que
no le gustaba ese nombre se sentía muy solo y remplazo la palabra no por con, y
las llamo: "consonantes", porque, aunque no tuvieran sonido, podían sonar a través de
él.
Un día en la mañana
cuando a la aldea de las consonantes el duende llegó, vio al mago con ellas convivir, y se
asustó porque pensó que se las iba a quitar como había sucedido con la montaña.
Por lo que a unas llamo
y las alerto, sobre el malvado mago que vivía en la montaña y las quería para
hacer magia y desaparecerlas.
Entonces las demás
formas se avisaron entre ellas y buscaron la forma de ahuyentar a aquel temible
personaje que daño les quería hacer.
Después de ese día,
cada que veían al mago huían y a salvo se mantenían, con su amigo duende que
las protegía.
Y colorín colorado,
este cuento no ha acabado.
Por Diana Arredondo
Consonantes: son letras que con ayuda de las vocales, sirven para formar palabras.
Este cuento es para introducir el concepto de consonantes a los niños y empezar a monstrarselas.
Como actividad pueden en una caja vaciar harina e ir formando las consonantes, por ejemplo de sus nombres y de conceptos familiares, algunos ejemplos: "M" de mamá, "P" de papá, "C" de comida, y así.



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